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 Modelos de Exito Competitivo: Japón 

 

Por: R. J. Aguado (*)

Desarrollo Tecnológico del Japón 
Del Siglo XVII a 1930 


En términos de desarrollo tecnológico los años entre el siglo XVII y 1930 pueden ser divididos en tres periodos: (1) del siglo XVII a 1869 (el periodo Edo); (2) de 1868 a 1905 ( de la Restauración Meiji al final de la guerra Ruso-Japonesa); y (3) de 1905 a fines de 1930. 

Durante el primer periodo de Aislamiento Nacionalista (Sakoku), política del Tokugawa shogunate cerro los puertos del Japón, para el resto del mundo, con pequeñas excepciones, y mantuvo al país en un estado de aislamiento tecnológico por más de dos siglos (1639-1853). Bajo un gobierno feudal altamente centralizado, la economía se mantuvo esencialmente agraria y caracterizada por un bajo ingreso per capita, con más de tres cuartas partes de la población empleada en agricultura, silvicultura y pesca. El sistema gubernamental de un país de economía dormida fue estable, altamente estructurado y efectivo; también crió un sustancial surtido de Samurais, servidores civiles, quienes eran bien educados y capaces de tomar el rol de líderes cuando se requería. La estructura social era avanzada, comparada con otras ciudades con ingreso per capita equivalente. Un importante ejemplo puede ser observado en el estandar educativo: aproximadamente la mitad de la población femenina había cursado al menos alguna educación formal al final de este periodo. 

Era utilizada ingeniosa tecnología que generaba productivos recursos. Algunas técnicas específicas, sin embargo, eran sofisticadas y resistía la prueba del tiempo, tales como la tecnología de la construcción y, en particular, la construcción de estructuras a gran escala. En suma, los prerrequisitos para progresar en el nivel de tecnología estaban reunidos. Para tiempos del Comodoro Matthew C. perry de la marina de los Estados Unidos influyó en la apertura del Japón (1854), desencadenó una serie de eventos que adelantarón la Restauración Meiji de 1868, Japón se preparó totalmente para embarcarse en el curso de la ventaja tecnológica y la industrialización. 

Para el joven Japón Meiji y sus nuevos líderes, el retraso tecnológico significaba vulnerabilidad política. Esto no fue observado simplemente por la eficiencia de la tecnología, sino también por el temor de perder la soberanía frente a las potencias industriales del Oeste que conducían a nuevos gobiernos comprometidos en las tareas de la transformación tecnológica. La urgencia política demandaba una rápida razón para la transformación y por lo tanto requería de una presencia mayor del gobierno. La tarea de transformación tecnológica podría no darse si únicamente estaba en manos del sector privado. 

He aquí, la importancia de un efectivo y estable gobierno y la disponibilidad en el suministro de servidores civiles quienes estaban altamente educados y tenían experiencia en la administración de los asuntos del estado. 

El nuevo gobierno rápidamente estableció estas normas y disolvió el antiguo sistema feudal. La estructura de la clase feudal fue abolida y y la mayoría de los lores feudales, fueron pensionados. Lo más importante, fue la reforma de la tierra, la cual dio a los agricultores el titulo de las tierras que ellos trabajaban y creo una nueva fuente de ingresos gubernamentales vía impuestos sobre la tierra, todo ello fue exitosamente operado. Inmediatamente despues del establecimiento de este poder, el gobierno dispuso también la importación del nuevo conocimiento y tecnología. Muchos eruditos del Oeste, ingenieros, y otros expertos en el conocimiento tecnológico fueron invitados por el gobierno . Simultaneamente, una continua corriente de japoneses fueron despachados a Europa y los Estados Unidos, algunos con el único propósito de aprender y absorber cualquier cosa que pudieran, y otros con el objetivos específico de estudiar los sistemas de gobierno extranjeros y constituciones para aprender tendencias en maquinarias y sistemas ferroviarios. 

Aquí el significado de proporcionar la mejor educación a los hombres, algunos de los cuales estudiaron lenguas extranjeras tales como Holandes, Alemán y Portugues. La ventaja tecnológica implicó la necesidad de educar a la fuerza de trabajo que podría capacitarse eficientemente en las nuevas habilidades requeridas. En verdad, el gobierno trabajó para incrementar el nivel general de educación. En 1873, el índice de asistencia a la educación obligatoria era del 28%, sin embargo para 1883, llegaba a casi el 53%, y para fines del siglo XIX el total de población el 69% era sujeta de educación obligatoria. 

El número de escuelas primarias y secundarias creció más del doble en el periodo 1873-1900, de 12,643 a 27,186. La primera universidad nacional fue establecida en Tokio en 1877. En las políticas del gobierno de Meiji, había algunas de las dimensiones de las políticas del Shokusan Kogyo ("Incremento la Producción y Promover la Industria"), las cuales hicieron del progreso tecnológico, la industrialización y la modernización tan pronto como fuera posible, un objetivo nacional. 

Bajo esta política, el gobierno estimuló la inversión por sectores de negocios, y la inversión de recursos propios que impulsara decididamente la industrialización y el progreso tecnológico. Esto generó una serie de programas piloto de empresas basadas en el nuevo conocimiento tecnológico adquirido. Igualmente se dio una alta prioridad a la modernización de los sistemas estatales de transporte; esto mejoró y extendió los caminos, y llevó a la construcción de la red del sistema nacional de ferrocarril. Esto, sin embargo, no es la magnitud de esta impresionante empresa, sino la manera en la cual fue planeada y ejecutada. 

Desde el principio, la utilización de la nueva tecnología fue cuidadosamente planeada para vincularse con los fuertes recursos domesticos existentes. Las primeras industrias que recibieron estímulos para crecer, fueron precisamente aquellas que requerían relativamente menos capital inicial y relativamente menor nivel de habilidad en la fuerza de trabajo, tales como la industria textil. Las empresas modelo no fueron siempre exactas reproducciones de las del mundo del Oeste, y había ya alguna evidencia del traslado de nuevas tecnologías confeccionadas al ambiente doméstico, tales como en reducción de escala y de mayor utilización de madera que de acero en nuevas estructuras y equipamiento. Las ingeniosas tecnologías no fueron abandonadas totalmente, pero fueron utilizadas para apoyar los procesos de modernización. Esto fue más evidente en la construcción de edificios, caminos, y sistemas de irrigación. 

Una de las más importantes contribuciones de el gobierno Meiji a las actividades de inversión en los negocios privados fue la modernización de las instituciones financieras del país. La moneda local había estado en circulación en Japón como un medio de cambio, y para el final del periodo Edo, un gran número de rudimentarias formas de banca comercial habían surgido de las clases ricas de comerciantes, pero el sistema financiero del país estaba demasiado primitivo para soportar las actividades de inversión y la industrializción de la economía. 

Desarrollo Tecnológico del Japón 

El gobierno intentó establecer un sistema monetario único de conversiones y cambios, comenzando en el segundo año del nuevo gobierno (1869) con la creación del Ministerio de Finanzas y Kawase Kaisha ("casas de cambio", o bancos comerciales), seguidos por el Shinka Jorei (Nuevo Orden Monetario), oficialmente se estableció el patrón oro (bimetal en oro y plata en la práctica) y un grupo de normas unificadas de control para la economía en 1871. Después de una serie de aciertos y errores y breves regresos a la inconvertibilidad, el establecimiento del Banco Central del Japón, finalmente puso a la economía en curso para un segundo desarrollo de un moderno sector financiero en 1882. 

El sistema de banca central y el subsecuente desarrollo de bancos comerciales estabilizaron la moneda y los sistemas de crédito, llegándose a dar continuas disminuciones en las tasas de interés, y despliegues de inversiones en el sector de los negocios privados. Justo antes de la creación del Banco del Japón, el número total de corporaciones de negocios era de 1,803 de los cuales únicamente 78 eran manufactureras (1881). Para finales del periodo de la transformación tecnológica (1905), el número de corporaciones se incrementó aproximadamente cinco veces para llegar a un total de 9,006. Las manufacturas en particular vieron un asombroso crecimiento de 31 veces para totalizar 2,449 compañías. 

Mientras el gobierno Meiji conducía la economía a través del periodo de transformación tecnológica bajo la política "shokusan kogyo", se luchaba y ganaban dos guerras ( la Guerra Sino-Japonesa de 1894-1895 y la Guerra Ruso-Japonesa, 1904-05), encarando periodos de gran inflación, particularmente antes de la creación del Banco del Japón; y sufriendo una severa recesión, un gran pánico financiero, y una cercana quiebra del mercado financiero en 1890-91. La tasa media de crecimiento del producto nacional bruto para el periodo 1880-1905 había sido estimada en más de 3 por ciento. El camino de la transformación tecnológica de ninguna manera fue un sendero plano, sin embargo era necesario para constituir el crecimiento económico y la absorción tecnológica siguiente. 

El periodo de la absorción tecnológica, de 1905 a fines de 1930, no fue un periodo de crecimiento ininterrumpido. La economía continuo estando plagada de inestabilidad, particularmente en el sector financiero. Anteriormente a la depresión que comenzó en 1929, a la economía japonesa sobrevino una serie de cuatro colapsos financieros y recesiones en 1907-08, 1920, 1922-23, y 1927. En general, sin embargo, el periodo puede caracterizarse como de moderado crecimiento económico, con incremento del Producto Nacional en un promedio anual de 4 o 5 por ciento. Por primera vez en la historia de Japón la producción minera y la industria manufacturera excedió al de la agricultura, silvicultura, e industria pesquera durante la Primera Guerra Mundial (1914-18), y la industria pesada comenzó su crecimiento durante este periodo. 

En contraste con el periodo precedente, las instituciones de innovación que promovieron el progreso tecnológico y las inversiones en negocios vinieron del sector privado que del gobierno. Dos importantes desarrollos fueron el shushin koyo seido (la larga-carrera o sistema de "empleo de por vida") y el zaibatsu (una combinación financiera e industrial). El origen exacto del empleo de por vida y el llamado paternalismo de las grandes empresas japonesas es relativamente controvertido entre algunas escuelas. Estas en lo general estaban de acuerdo, sin embargo, ese sistema comenzó a emerger lentamente en los inicios del siglo XX dentro de las empresas grandes para reducir en los pedidos los costos vinculados a los altos grados de movilidad laboral, rotación, y frecuente reclutamiento. Esta es una de las razones por las que este sistema ha sido apuntalado al igual que por su combate al incremento de la inquietud laboral y al aumento del poder de las uniones laborales. Sin considerar la administración de objetivos, ciertos elementos de la cultura japonesa influyeron para el crecimiento de dichos sistemas, tales como la tradicional conformidad del grupo a las normas provenientes de la fertilidad de la tierra. A principios del siglo XX también vemos la rápida introducción de tecnología en la producción en línea altamente automatizada, los sistemas de empleo de por vida, para dar a los trabajadores seguridad y reducir su resistencia al progreso tecnológico, lo que dio un valor superior a la absorción creciente de la tecnología de capital intensivo. 

La contribución del zaibatsu al progreso tecnológico durante este periodo es invaluable. Esta institución originada en las clases ricas de comerciantes del periodo Edo y que llegó a su esplendor en las primeras dos décadas del siglo XX como una variedad de combinaciones diversificadas de control sobre el comercio, finanzas, minería, e industrias manufactureras. Con fácil acceso al capital, estas importaron agresivamente tecnología, desarrollaron su propia tecnología, explotaron sus economías de escala, desarrollaron muchas industrias simultáneamente, y cultivaron una nueva clase elitista de administradores de negocios que hace juego con la habilidad de la servidumbre doméstica. 

Como la industrialización y el crecimiento de la industria pesada continuo bajo el modelo zaibatsu, el medio ambiente político del Japón avanzó hacia una economía orientada al ejército y la guerra. Incrementando las necesidades militares y un marcado conflicto entre los militares y el zaibatsu que derivó en una nueva generación de combinación financiera que se especializó en la industria militar. Al inicio el periodo de la absorción tecnológica, el producto nacional bruto ( a precios de 1934-36) fue de 6.6 billones de yenes y la industria ligera dominó el sector manufacturero. En 1938 por primera vez, la producción de la industria pesada superó a las manufacturas de la industria ligera; y en 1939 su producto nacional bruto ( a precios de 1934-36) alcanzó antes de la guerra el pico de 22 billones, un nivel en el cual no se recuperó por una década y media. Septiembre de 1939 marcó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón entró en otro periodo de aislamiento tecnológico. 

Segunda Guerra Mundial a 1970 

El resto de esta historia puede dividirse en tres periodos: (1) de la Segunda Guerra Mundial a la ocupación; (2) de la ocupación a 1960; y (3) de 1960 a 1970. La guerra indujo a un segundo periodo de aislamiento tecnológico, el cual no fue tan largo ni tan completo como el periodo Edo. Sin embargo, el anormal curso de las relaciones internacionales retrasó el flujo de tecnología hacia Japón del resto de los países desarrollados. Desarrollos tecnológicos domésticos fueron desarrollados más activamente, particularmente en la producción de artillería, esto contribuiría más tarde al crecimiento de la economía de paz después de la derrota y la ocupación de los aliados (1945-1952). 

Durante el periodo de aislamiento tecnológico, la tasa de crecimiento tecnológico en el Oeste fue mucho más acelerada que la tecnología doméstica de Japón. Al final de la guerrra, Japón se encontró a sí mismo otra vez en una importante posición para la importación de tecnología extrajera en tanto que los capitales eran escasos, esta vez por causa de los estragos de la guerra. 

Durante la ocupación, la política social del Japón, y el sistema económico fue minuciosamente revidado. Los cambios alcanzaron importantes modificaciones desde una nueva constitución hasta la disolución del programa zaibatsu, de un nuevo sistema impositivo a la reorganización del sector comercial del sistema bancario, de las leyes antimonopolio a nuevas leyes civiles, todo esto ayudó al establecimiento de una estable, democracia en Japón. Mientras tanto, la insuficiente capacidad productiva debida a la destrucción por la guerra forzó a la economía a entrar en un periodo de alta inflación comenzando en 1946, a pesar de los esfuerzos por suprimir la demanda del consumidor. 

Aunque la guerra de Corea estimuló la expansión de la capacidad productiva de 1950 a 1953, la tendencia inflacionaria y el resultado de la incertidumbre en las expectativas de los negocios, plagaron la economía. El gobierno del Primer Ministro Yoshida Shigeru introdujo un presupuesto desinflacionario en 1953 que tuvo poco después éxito en el control de la inflación. 

La política desinflacionaria no desincentivó las inversiones, y con la recuperación de la confianza el sector privado continuó sumándose a la capacidad productiva de la economía. El producto nacional bruto de antes de la guerra, fué igualado en 1954, y continuó creciendo durante la década a pesar de las breves pero importantes fluctuaciones en los ciclos de negocios. 

La economía en el proceso de transformación tecnológica una vez más requirió de una cuidadosa planeación. Las inversiones que llevadas a cabo para la transformación, fueron estrechamente vigiladas por el gobierno, particularmente por el Ministerio de Comercio Internacioal e Industria (MITI). Inmediatamente después de la asunción de las funciones normales de la postguerra. MITI comenzó a contemplar las fronteras del conocimiento tecnológico y se mantuvo a sí mismo totalmente informado de los nuevos avances tecnológicos. De esta manera agrupó las prioridades nacionales de progreso tecnológico para decidir sobre las industrias que debieran impulsarse y las otras que debieran podarse. 

En la instrumentación de la política tecnológica la más efectiva herramienta del MITI fue el control de comercio exterior. Éste controló la localización de los intercambios extranjeros necesarios para la importación de tecnología, y todos los contratos de permisos y otras formas de flujos de entrada requerían igualmente de la aprobación del MITI. 

La menos obvia herramienta de instrumentación política se conocía como Dirección Administrativa, convenios informales y acuerdos entre el MITI y las empresas del sector privado estos no tenían un respaldo estatutario, no obstante eran extremadamente efectivos. 

De esta manera, el flujo de tecnología proveniente del exterior fue estrechamente monitoreada durante el periodo de la transformción tecnológica al igual que en el periodo de absorción tecnológica. 

La ingeniosa tecnología de los tiempos de guerra también ayudó a los trazar el progreso tecnológico del Japón de la postguerra. Productores de equipos de precisión de guerra, fueron transformados en equipos de precisión manufacturados para tiempos de paz, particularmente en la campo de la óptica. 

Productores de aviones militares fueron transformados a la producción de motores, automóviles y otros vehículos 

Película fotográfica desarrollada por la Armada Imperial Japonesa se produjo para fotografías ahora de paz, y las barcos de batalla fueron reemplazados en los astilleros por barcos supertanque. 

Como la economía japonesa se mecía en los ciclos de negocios en la primera mitad de 1950, un puñado de economistas comenzó a entender el potencial del Japón que emergía de su rápido crecimiento. El más prominente entre ellos fue Shimomura Osamu (nacido en 1910), economista y entonces funcionario de alto rango en el Ministerio de Finanzas. A principios de 1955, el comenzó a abogar por una política agresiva de crecimiento que estimulara el progreso tecnológico vía la inversión privada, así se incrementaría la productividad y la capacidad de la economía de proveer de bienes y servicios para la demanda intermedia y final. El comenzó como un consejero informal de Ikeda Hayato en 1958, y es reconocido como el arquitecto de el Shotoku Baizo Keikaku (Plan para Duplicar los Ingresos), anunciado al principio del gobierno del Primer Ministro Ikeda en 1960. El plan esperaba duplicar el ingreso nacional japonés durante la década a una tasa de crecimiento anual de 7.2 por ciento. Así Japón entraría al periodo de absorción tecnológica y comenzaría su crecimiento y progreso tecnológico en a una tasa sin precedente en la historia. 

Innovación Tecnológica del Japón 

Como una nación de desarrollo tardío, Japón llevó a cabo la innovación tecnológica primeramente mediante la introducción de la tecnología de las naciones más avanzadas, comenzándola a mediados del siglo XIX. Como resultado de esto, la tasa de innovación tecnológica en Japón ha sido más rápida que en otra naciones industrializadas. Especialmente después de 1960, la economía japonesa creció basada en la innovación tecnológica. 

La innovación después de la Segunda Guerra Mundial se aceleró debido a las economías de escala en el acero y en la industria constructora de barcos, así como por el nacimiento de nuevos productos en la petroquímica y en la industria electrónica. Adicionalmente, la popularización de artículos de consumo duradero, la cual ocurrió primero en Estados Unidos en 1930, ocurrió en Japón rápidamente después de la Segunda Guerra Mundial, dando como resultado un espectacular crecimiento de las industrias de automóviles y de aparatos domésticos. La estructura de la economía y la sociedad de la postguerra también ayudó a acelerar la innovación tecnológica. 

Un medio ambiente innovador 

Entre los factores que han llevado a los Japoneses a la innovación tecnológica ha sido su amor a la novedad. En otros países, las tradiciones, supersticiones, y tabúes religiosos muchas veces obstaculizan el camino de la nueva tecnología. Adicionalmente, el miedo a que la tecnología desplace, tal como prendió en la famosa resistencia Luddite en Inglaterra en 1779, ha bloqueado la innovación en muchos países. En este sentido Japón ha experimentado poca resistencia, en gran parte por la disposición de su gente a enfrentar el cambio sin miedo. El gobierno reforzó esta tendencia durante el esplendor Meiji con políticas de introducción a la civilización Occidental. Este esfuerzo fue vigorosamente desplegado bajo el nombre de "Espíritu Japonés de aprender del Occidente". 

Un segundo factor ha sido el alto nivel de crecimiento e inversión de la economía japonesa. La innovación tecnológica, por supuesto, puede contribuir a la economía, sólo si esta se utiliza en los procesos de producción o en la manufactura de nuevo producto que es aceptado en el mercado. Crecimiento económico y grandes reservas de capital permitieron ampliar las oportunidades de instrumentar la innovación tecnológica. Al mismo tiempo, la fuerte competencia entre evitó el desarrollo de monopolios tecnológicos. Por ejemplo, en la industria del sulfato de amonio, 5 empresas comenzaron la producción casi simultáneamente cuando la industria fue inaugurada en 1930 basada en la tecnología introducida de varios países extranjeros y soportada por tecnología japonesa. No obstante la duplicidad de inversiones en algunos casos, la fuerte competencia ayudó a acelerar la innovación tecnológica. 

Un tercer factor ha sido la alta dependencia de tecnología del exterior. Cuando el progreso de la ciencia y la tecnología da como resultado la innovación, la utilización no necesariamente toma lugar en el país donde se hizo la invención o el descubrimiento. Japón encendió su industrialización por la importación de tecnología avanzada proveniente de otros países. En 1880, por ejemplo, los japoneses aprendieron seda reeling de los Franceses, aunque la seda fue un ingenioso producto del Japón. 

Un cuarto factor ha sido que el Japón tiene un mercado muy grande, especialmente para el consumo de artículos de consumo duradero. La innovación tecnológica puede generar excelentes resultados económicos, sólo si el producto desarrollado con la nueva tecnología encuentra aceptación en el mercado. Los consumidores japoneses tienen una fuerte predilección por nuevos productos de consumo. La popularización de los bienes de consumo duradero, ha sido muy alta en Japón en los niveles más bajos que en los países de Europa Occidental. Este ha sido un instrumento en la promoción de la innovación tecnológica en la industria de bienes. El hecho que la sociedad japonesa haya confeccionado su modelo económico de las naciones avanzadas, a saber, producción masiva, ventas masivas, y consumo masivo, ha sido un importante factor de promoción para la innovación tecnológica. 

 


(*) R. J. Aguado: Consultor Internacional de Administración. 

E-mail: rjaguado@avantel.net


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